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Entrevista a Stefano Sannino

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Entrevista a Stefano Sannino

Tras tres años en Madrid como Embajador de Italia en España y Andorra, el napolitano Stefano Sannino afronta su último año, en el que asegura que aún tiene muchas cosas por hacer.

Nada que ver con su etapa en Belgrado durante los años 90, Madrid le ha servido de inspiración para ejercer un fuerte compromiso social. Junto a su gran apoyo, su marido Santiago Mondragón, con el que lleva seis años de matrimonio, promueven activamente los derechos del colectivo LGTBI en círculos sociales y diplomáticos.

Nos recibe en su despacho, en el antiguo palacio de los marqueses de Amboage, junto a miembros de su equipo, quienes nos acompañarán durante toda la entrevista. Tras un gesto amable y curioso, se encuentra el verdadero Sannino, “no hay mucho más de lo que se ve. Hay pasión, ideas, fragilidades y momentos de preocupación”, pero sobre todo, “la idea de levantarse por la mañana y pensar, voy a  hacer algo bueno hoy”.

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Afincado en Madrid desde 2016, ¿qué le viene a la cabeza que sería lo mejor y lo peor de esta etapa?

La posibilidad de conocer España en profundidad, su diversidad, lo que representa, desde Galicia hasta Andalucía, pero sobre todo, las personas, la calidad humana de los españoles es brutal. En este sentido, Madrid también es muy abierta, y sería la mejor parte de estos años. Lo peor, la fractura en Cataluña, ha sido algo muy triste.

¿Madrid por decisión propia?

Bueno, por un lado me ofrecieron venir a Madrid y por otro lado yo quería vivir esta experiencia, pero siendo sinceros, la oferta llegó antes que mi deseo de venir.

Imagino que estos años han sido una experiencia totalmente diferente que la que vivió en Belgrado en los años 90…

Madrid no tiene nada que ver. Belgrado en los 90 significa la guerra en Bosnia, el aislamiento, una época de  pobreza –recuerda con gesto de nostalgia-. Desde el punto de vista humano y profesional esta experiencia ha sido muy importante, pasamos momentos difíciles, y aun así, tengo muchos amigos que se han quedado. 

Durante su paso por España, ha mostrado un importante papel en la visibilidad y apoyo a la comunidad LGTB, ¿Madrid le ayudó o es algo que siempre ha querido hacer?

Mi orientación sexual, llevada de forma muy serena, tranquila y natural, no tuvo importancia en mis trabajos anteriores. En Madrid ha sido mucho más visible, por lo que he podido involucrarme en los colectivos para dar apoyo y visibilidad a la Comunidad.

Imagino que mucho de esto es gracias al apoyo incondicional de su marido…

Santi -Santiago Mondragón, quien trabaja en Bruselas como asesor político- es una persona con un don extraordinario que es la generosidad, piensa mucho en los demás. Normalmente su apoyo es muy fuerte, y también me ayuda a reflexionar y pensar en lo que hago.

¿Por qué cree necesario ejercer el papel diplomático junto al  compromiso social?

Creo que cada persona debe hacer algo por la sociedad, y cada uno hacemos lo que está dentro de nuestras posibilidades. 

¿Conoce algún otro ejemplo de diplomático con fuerte activismo social, o en otros países no es posible? ¿A usted le ha sido fácil?

Creo que si haces el papel de embajador con pasión, cariño e interés, te lleva a tener una conexión más fuerte con la sociedad. Un embajador pertenece a su país, pero se vuelve también un poco parte de la sociedad. No puedo decir que todos son iguales, porque hay países con situaciones mucho más complejas y diferentes. Lo que debemos hacer es crear una conexión entre países más fuertes, sin importar las diferencias políticas de ambos países. 

Le comparan con James Costos – desde 2014 hasta 2017 fue el Embajador de los Estados Unidos en España y Andorra- ¿le conociste? ¿qué tenéis en común?

Coincidimos durante su época como embajador, y en otras ocasiones después. Costos ha dejado una huella muy fuerte en la sociedad española, y creo que ambos hemos ejercido una figura de embajador muy parecida. Digamos que compartimos la misma pasión para cambiar cosas, y cada uno lo hace a su manera, pero en el fondo hay una pasión común.

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La Embajada de Italia, conocida no solo por su belleza arquitectónica, también por los numerosos eventos que se celebran en ella…

Oficialmente se celebra de todo. La embajada tiene que ser un espacio abierto a la sociedad. Desde presentaciones de libros hasta conciertos, fiestas culturales, entrega de premios, etc., todo lo que conecte las sociedades entre Italia y España. Estos eventos son formas de colaboración entre ambos países. Lo que siempre he intentado es buscar formas de colaboración, ya que es una lástima que estos dos países pierdan muchas oportunidades dentro de Europa. Debemos ver la forma de equilibrar la construcción europea. Detrás de todo lo que hacemos hay un poco de esto.

Roma 2000, 250.000 personas y una fuerte oposición, muy lejos de los 2 millones de personas en Madrid 2017, ¿le gustaría otro World Pride en Italia?

El World Pride es una manifestación de una reivindicación de igualdad, de respeto, y también una afirmación de lo que somos. Lo que me gustaría es que Italia sea un poco más abierta, y menos ideológica ya que la sociedad debe normalizar todo esto. Aunque si la gente sigue hablando de como vivo mi sexualidad, significa que todavía no lo hemos hecho. España está mucho más avanzada, el concepto social está mucho más fuerte en libertad, y sería bonito que esto llegase a Italia.

¿Cómo puede mejorar Europa a nivel LGTB?

Mucho habría que concienciar a las personas. Hablar, hablar y hablar. Que las cosas no se queden escondidas, que no sean simplemente “lo que haces en casa no quiero saberlo”. Debemos vivir tranquilamente nuestra condición sexual. Creo que las nuevas generaciones ya lo viven, ya viven sin pensar en eso. Las sociedades ya no piensan entre heterosexual u homosexual, no hay una categorización tan fuerte como había antes. Hablar de todo esto de forma abierta, serena, ayudaría a todo el mundo. Por ejemplo, la transexualidad constó mucho, al principio era un segmento pequeño, pero al romper el silencio se ha vuelta un asunto muy importante.

Texto: JAVIER MATEO BALLESTA 

Fotos: ASSIAH ALCAZAR